Fotografía con humor


LECCIONES



20121012_9834 como objeto inteligente-1     1ª Lección de fotografía: El onanismo del fotógrafo: 

¿Debería titular “elecciones de fotografía” en lugar del pretencioso “lecciones”?.
Decía Rabindranth Tagore que cuando el sabio señala la luna con el dedo, el necio mira el dedo.
El hombre de la foto miraba extasiado el Canal de Bataglia, pero el fotógrafo se fijó en su cráneo, no en los hermosos reflejos del sol en el agua o el radiante color de la vegetación.
En cualquier caso, conviene observar que cuando el dedo índice señala la luna, los dedos corazón, anular y meñique señalan al propietario de la mano.
¡Quién sabe lo que bullía bajo el cráneo del fotógrafo? ¿Evocaba el brillo de la pérdida como un destino propio inevitable?

 


20121027_0240 como objeto inteligente-1     2ª Lección de fotografía: El momento decisivo

¿Se puede forzar “el momento decisivo”?
Hay frases que circulan como moneda de oro. Tal es el caso de la acuñada por el celebrado Henry Cartier Bresson y, dada la valía de quien sostenía el concepto, debe ser tenida en cuenta. No, ese instante surge o no surge, no puede provocarse.
La vida en la carretera solo tiene una dimensión: la del camino trazado. El ciclista mira la sinuosa curva o la recta, mira al frente e ignora al fotógrafo que busca la cara del deportista, la expresión del esfuerzo, el brillo del sudor. Hay que conseguir el encuadre perfecto que acerque el gesto más intenso, pero está claro que la mejor posición se encuentra justo antes del momento de la colisión. Aunque la fotografía exige ciertos sacrificios, hay límites. ¿Porqué hay que correr riesgos con la frágil cámara en las manos? Que sea el corredor quien los corra.
Vivimos tiempos convulsos, hay palabras que nos levantan. “España” es una de ellas, antes lo fueron Guardiola o Ronaldo. Si en medio de la sierra se grita con fuerza: ¡Espaañña!, el ciclista vuelve la cabeza y mira intentando saber qué pasa. ¡Toma ya, el momento decisivo!
Sí, el momento decisivo se busca, se espera y se provoca. La provocación es el concepto clave de esta 2ª lección. Alteramos los sucesos, el transcurso natural de los hechos, el decurso inviolable de la historia para conseguir una instantánea gloriosa. Pero qué importa eso si el corredor pierde el equilibrio y, y, hiiiii.


  20131110_2443 como objeto inteligente-1

     3ª Lección: Que trata nada más y nada menos que de “La Guerra de las Galaxias”

El elemento principal para componer es la luz, todo se articula alrededor de los espacios que el ojo identifica instantáneamente, siempre en zonas más iluminadas o contrastadas. Dejemos el desenfoque para las zonas menos claras.
Aunque no hay que olvidar que la oscuridad es el reverso de la luz y ambas se necesitan. Cosa que sabía muy bien George Lucas, conocimiento que le hizo millonario.
La composición no es un juego de líneas, diagonales, espirales áureas o puntos mágicos en donde se colocan Blancanieves y los siete ositos.
¿Eran siete?

 


20121012_9801 como objeto inteligente-1

    4ª Lección de fotografía: No te fíes del fotógrafo.

¡Nunca te fíes!


20130525_4683 como objeto inteligente-1     5 ª Lección de fotografía: Teología y fotografía

Omnis enim virtus moralis in medio consistit.
¿Es esencial el tamaño de la lente, del sensor, de la máquina?
La muchacha se burla de la pretensión del presumido relativizando la importancia del tamaño. Su propia estatura la lleva a valorar más las proporciones que la desmesura.
En el medio está la virtud… y la mediocridad.

 


20121012_9783 como objeto inteligente-1     6ª Lección: Sobre el retrato de los poderosos.

La cara es el espejo del alma. Pero el alma no se ve, como si de un vampiro se tratara asoma solo en las noches bisiestas de luna nueva. El fotógrafo tiene que meter la mano y el brazo hasta el codo por la boca del retratado para encontrar esa cosa viscosa que llamamos alma.
Richard Avedon después de un largo rato fotografiando a los hieráticos duques de Windsor salió de la estancia desesperado. Ideó una jugarreta, la noticia de que el perrito de compañía de los duques, atropellado por un vehículo, permanecía en la calle con las tripas fuera. Mientras las máscaras de sus personajes se rompían disparó. Aquella instantánea es la foto más reproducida de los aristócratas, en ella se les ve desarmados y frágiles, sin la importancia y arrogancia de la que un momento antes estaban investidos.
El brazo sale con el alma enviscerada y es entonces cuando reconocemos lo que ya sabíamos: que el personaje no tiene alma.
Las escayolas están ciegas, pero aún así deben recibir el trato y protocolo fotográfico reservado a videntes.


20121007_9576 como objeto inteligente-1   7ª Lección: Del punto de vista y su elocuencia

El joven observa la aspereza del hueso, sus uniones, el color del verdín adherido, el volumen del cráneo. No hay mucho más, es una observación del aspecto físico que la calavera presenta. Al fin y al cabo es un hombre actual que no hace una reflexión trascendente. Observa evitando conjeturas. Pero la calavera es muy curiosa, su campo de acción es más amplio, aprecia más texturas y colores de las que ella posee, brillo en la mirada escrutadora del muchacho que la mira, cambios en su expresión. Sale de la inmutabilidad de su ser para observar un mundo fluído que la envuelve con una mano caliente. El punto de vista más elocuente está claro.
Llamamos fotografía social al retrato de personas o grupos sociales situados en la parte baja de la escala jerárquica. Si el retrato trata de la boda de Ana Aznar, de una fiesta de la familia Grimaldi, o de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, lo catalogamos como fotografía del corazón o de moda. Son dos mundos contrapuestos, dos miradas bien diferentes. Aplicamos inmediatamente la etiqueta “social” en cuanto vemos la penuria de Florencia Owens y sus numerosos hijos en las imágenes captadas por Dorothea Lange.
La elocuencia del papel couché y de la estraza.


20120313     8ª Lección: Fondo y forma.

Podría ser ridículo hablar de fondo o contenido en fotografía cuando lo que se evidencia son las formas: luces y sombras, texturas, colores… todo aquello que atravesando nuestros ojos inquieta nuestra mente. Todo es piel. Y nada más efímero que la forma, que el tegumento que la recubre. Y nada más eterno. Su permanencia es vida a través del deseo.
Desde nuestros olvidados griegos clásicos nos viene ese reconocimiento a lo efímero, a la voluptuosidad del envoltorio, a su permanencia. También antes lo señalaron, pero nadie como ellos supieron expresarlo.
Y sin embargo hay un fondo, algo que nos inquieta, algo que bajo la piel palpita y se manifiesta y que la fotografía nos hace intuir. Aunque no se vea.
El desnudo puede sentirse desde el esplendor de la piel o de la fragilidad de lo que debajo de ella se esconde y marchita.


20130326_3046 como objeto inteligente-3     9ª Lección: El retrato.

En una pequeña ciudad castellana cuyo nombre no puedo olvidar, para llegar al llamado “manicomio de las locas” la señalización es clara, hay que fijarse en un cartel que indica el desvío: “HOSPITAL PSIQUIÁTRICO / CAMBIO DE SENTIDO”. En mayúsculas, por supuesto, para mayor claridad.
     El retrato es una zona de concentración de accidentes. Campo minado en donde manan los fuegos de artificio provocados por los huesos perdidos de quienes lo transitaron.
     La fotografía acerca al ausente. Puede tener una dimensión simbólica como el famoso icono del Che por Korda. Obama lo entendió muy bien para difundir ideología o propaganda. Puede ser un aldabonazo trágico como las fotos de la niña colombiana Omayra Sánchez que muere atrapada en el fango víctima de una catástrofe natural que se ceba con los más pobres. También conocemos los intensos ojos de una muchacha afgana que fotografía Steve McCurry.., y tenemos a Marilyn y a… Hasta podemos ver alguno tan antiguo como el de Jesucristo fotografiado por Verónica recurriendo a tintes naturales.
     El retrato, un campo agotado y minado…, pero si la boca habla de lo que rebosa el corazón, la mirada evoca el rostro humano. La gracia del retrato es su perpetuación, la repetición de un canon infalible en donde coinciden la mirada ajena del retratado y la interpretativa de quien retrata.
     El retrato, como los manicomios, rebosa sentido y sentimiento. El retrato recoge la alegoría, lo cotidiano y el símbolo, la historia, el adoctrinamiento y el mito. Todo cabe en ese hospital para enfermos crónicos compulsivos.


20130331_3132 como objeto inteligente-1     10ª Lección: Fashion Week Pucela SS.

La moda que prevalece desde hace 40 años intenta vestir a las mujeres desvistiéndolas. Se asomaron primero las piernas, luego hombros y tetas, después ombligos, riñones, cráneos pelados y ahora se añaden elementos impactantes como piercings y tatuajes. Más metales y siliconas ocultos bajo la piel.
Ahora parece que lo masculinidad no está reñida con el erotismo, es menos importante la imagen de poder que el culto al cuerpazo. Se ha descubierto que debajo de la corbata y de la americana los hombres ocultan pectorales.
Mario Testino, Helmut Newton, Richard Avedon han modelado en sales de plata el ideal de mujer vestida o desnuda, el modelo a imitar o a conseguir por su belleza, fuerza y capacidad de seducción.
Es fácil deducir que la Fashion Week Pucela Semana Santa es una vuelta atrás. Moda retro, anterior al gótico, al romºánico. Es una vuelta a las catacumbas.
Por más que a las procesiones te pongas la minifalda, como decía Manolo Escobar.


20131208_2832 como objeto inteligente-1

     11ª Lección: Sobre la inspiración

Han pasado 100 años desde que Alfred Stieglitz publicara la revista de fotografía “Camera work”. En aquellos números se editaban fotografías no muy diferentes en su temática a cualquiera que hoy puedan realizarse. Las técnicas fotográficas y de edición han cambiado. No tanto la mirada del fotógrafo. Un largo camino por el mismo mar comerciando con parecidos productos en los mismos puertos. La misma inspiración ahora, aunque la urdimbre, los tintes, las texturas y los colores hayan cambiado. Hemos descubierto el color y alcanzado la nitidez del dibujo.
La tecnología ha renovado la fotografía, ha aportado un aire nuevo, aunque sigamos viajando sobre los mismos temas un siglo después.


20110722_5432 como objeto inteligente-1

     12ª Lección:

Del punto rojo y su relevancia.
Los aventureros, a los que utilizando un eufemismo hemos denominado colonizadores, entregaban como regalo abalorios a pueblos de escaso desarrollo tecnológico para ganarse la confianza de sus habitantes. Observaron que la avidez por las cuentas brillantes regaladas, dependían del color, siendo el verde y luego el azul los menos valorados. El rojo era el preferido por cualquier indígena.
El punto rojo destaca en la nieve, en el verdor del paisaje, en el cuerpo de la actriz o en la corbata del elegante.


20111106_9130 como objeto inteligente-1

13ª Lección:

Los experimentos deben hacerse con gaseosa. Pero, disponiendo de pólvora, ¿quién se resiste?
Utilizando el parecidio, se puede sustituir la gaseosa por gasolina, siempre más eficiente para iniciar una buena revolución, o en su defecto, para hacer el suficiente ruido como para generar un ismo. Al final, cuando se haga el recuento puede haber muchos sordos y pocas nueces. Pero, ¿a quién le importan los finales? ¿quién puede aguantar hasta el postrer momento?


20140417_6115 como objeto inteligente-1

     14ª Lección: El décimo círculo. 
     Las procesiones en Valladolid son algo muy, muy serio. La gente se viste de gala, y en familia observan el discurrir de pasos y hermandades. Sobre el silencio unánime del gentío se eleva la música de las bandas.
Sólo los fotógrafos, aves carroñeras, desentonan en el grandioso espectáculo. Siempre presentes, se cuelan entre los cofrades, impiden el paso procesional, avanzan con ella y se colocan delante de quienes llevan horas guardando sitio. Rompen con su torpe presencia la solemnidad litúrgica. Y no paran de hacer una y mil fotos sin guardar una mínima distancia de respeto.
Una mujer maldecía al enjambre que rodeaba al Cristo de la Luz, fotógrafos de alma dura incapaces de conmoverse ni cuando los tambores indican la salida del cristo desde la capilla a la calle, ni cuando ya en la plaza los coros cantan un oratorio de T. Dubois. Hay que tener el alma de pedernal para no conmoverse en ese magnífico momento. O ser fotógrafo, sólo atentos al cliclic. La mujer dijo: “¿pero a quién se creen que fotografían…? ¿… a la Pantoja?
Dante Alighieri hubiera añadido un círculo más al infierno, el décimo, para los tábanos con sensor digital.


20150110_1312 como objeto inteligente-1

15ª Lección: Camello en la niebla meando

El dromedario, como el camello o las llamas o las ovejas tienen fama de ser animales tontos. Los camélidos, seudorumiantes, posan con una cara que se nos antoja boba, más se dedican al proceso de masticación. El hombre, que ni es rumiante, ni artiodáctilo como el camello, fue definido como infinitamente estúpido por un congénere bípedo llamado Einstein al que robaron el cerebro después de muerto (una reliquia laica, por cierto, muy venerada por las proezas que logró). Sin embargo, nos admiran ciertos plantígrados como el oso o los gorilas, aunque estamos sumiendo a los grandes primates en una niebla tan densa que pronto se reunirán todos con Dian Fossey.
Hay que ver correr a los dromedarios en una competición para entender realmente lo que es una proeza atlética. Su capacidad de resistencia y su velocidad son admirables. También su estilizada figura, más parecida a un galgo que al logotipo de Camel. Pues los dromedarios de carreras son muy diferentes de sus hermanos de carga o carne.
Se conserva la foto original de Old Joe, el dromedario utilizado por la tabaquera Reinolds para dar nombre a su famosa cajetilla: “Camel”. El viejo Joe no nació camello, sino dromedario, pero sirvió a la causa de la multinacional. La fotografía se conserva y cuesta una millonada, y es mala, como la hierba seca regurgitada por estos aprendices de rumiantes.
¡Son tantas las fotos antiguas que valen una mierda de camello, o dromedario, cuesten lo que cuesten! Cuando miro esas reliquias analógicas procuro poner cara, todo lo más, de dromedario, siempre de más noble aspecto que su congénere de dos jorobas. Y por supuesto, procuro distinguir el trigo de la paja, aunque tenga que masticar dos veces.